La Niña que Soñaba con Estrellas
Mientras estas letras ocupen tu mirada, desliza un dedo hasta encontrar uno de tus cabellos. Sostenlo ante la luz y obsérvalo: cada molécula, cada partícula diminuta, cada átomo que teje su delicadeza, fue forjado en el corazón ardiente de una estrella, hace eones. Cuando aquella estrella murió, su núcleo se esparció como semilla cósmica por el universo, viajando a través de la eternidad, hasta alcanzar esta pequeña roca azul. Y así, en el agua que bebiste, en el fruto que probaste, ese polvo de astro encontró el camino hasta tu cuerpo, hasta convertirse en este cabello que hoy acaricias con asombro.
Aunque no conozca los detalles de tu infancia, imagino a esa niña soñadora que alguna vez alzó los ojos bajo el cielo nocturno que envuelve alguna región colombiana. En ese gesto, sin saberlo, contempló su propio origen: vio a sus hermanas estrellas titilando en la oscuridad, velando por ti, entregándote su luz antigua. Para que toda esa esencia estelar que hoy habita en tu piel, tus ojos, tus pestañas, vuelva algún día a brillar con el esplendor que conoció hace millones de años, en la inmensidad de este cosmos que aún nos guarda misterios.
Briggite, tú eres parte de una estrella hermosa, y este viaje en la tierra no es más que una lección para que recuerdes, y recuperes, tu propio brillo.
Y las estrellas... las estrellas le susurraban que su historia apenas comenzaba.
La Viajera Valiente
Has crecido en belleza y en virtud, recorriendo senderos que antes pisaron reyes y princesas. Tu mirada se eleva hacia el firmamento, navegando entre constelaciones y cruzando hemisferios como si fueran puentes de luz. Cada día que amanece, la sabiduría te posee con su gracia silenciosa, moldeando un espíritu indomable y aventurero. Un alma que sueña sin límites, se enternece con lo pequeño, y se inclina con bondad y amabilidad, sin buscar nunca hacer daño. Avanzas por este camino que te tocó recorrer, no por elección sencilla, sino porque a veces la vida nos coloca en veredas donde otras opciones se desdibujan en la neblina.
Cada memoria, cada recuerdo, cada destello del ayer permanecerá inborrable en el álbum de tu mente. Que tus ojos nunca dejen de ver la realidad con claridad, pues aunque el destino te haya golpeado con sus olas, jamás ha logrado naufragar tu travesía. Nadie ha conseguido arrebatarte la sonrisa, ni siquiera al caminar esta ruta en soledad, plagada de peligros y riesgos sombríos. Tú, con valentía tejedora de alas, decidiste viajar hacia lo desconocido y alcanzar esa tierra lejana que muchos apenas se atreven a soñar. Una tierra que tú, en cambio, has acariciado con tus manos y has conquistado con tus pasos, haciendo del horizonte un hogar.
Con cada paso, escribía su propia leyenda.
La Estrella que Nos Vigila
Sobre tu vida llegó la tristeza, el dolor y un sufrimiento constante, como una marea oscura. Un tesoro te fue arrebatado, arrancado del mismo centro de tu pecho… y solo puedo imaginar, a través de pequeños y frágiles esbozos, la vastedad de lágrimas que has derramado, las noches y los días inconsolables que has atravesado.
Pero ese tesoro ahora se ha unido a la tierra, al cielo y al universo entero. Su espíritu vive contigo, mientras cada partícula de su cuerpo se ha esparcido sobre el mundo. ¿Dónde estarán esas moléculas que una vez formaron la boca y la sonrisa que tanto amaste? Quizás ahora habiten en el vuelo ligero de las aves, en el susurro verde de las hojas, en la mirada profunda de otro ser vivo… o tal vez viajen hacia el cosmos, navegando el vacío estelar para ayudar a formar un nuevo planeta.
No lo sabemos con certeza. Solo podemos atrevernos a predecir que su cuerpo jamás se destruyó. Ahora late en el latido del mundo: está en cada uno de nosotros y en los incontables seres vivos que pisan la faz de este planeta, uniéndolo todo en un ciclo eterno y silencioso.
Y cuando mira al cielo, sabe que nunca está sola.
La Noche más Oscura
La oscuridad llegó a tu vida como una marea silenciosa. Y aunque la ocultaste bajo una sonrisa y la emoción de perseguir cada sueño, ella se fue apoderando de todo, esparciéndose, inundando el alma hasta que el brillo interior comenzó a apagarse, lenta e irrevocablemente.
Entonces entraste en una habitación sin ventanas, sin rendijas de luz, donde solo habitaba la penumbra. Allí, las sensaciones se escapaban por los poros de los muros: el amor, el cariño, todo se diluía en la adicción de una soledad profunda. Ya ni las estrellas podían alcanzarte con su consuelo, pues la noche y el día se mezclaban en un tiempo sin horas, y tu percepción del mundo se debilitaba, como un eco que se desvanece.
¿Cómo rescatar tu espíritu de esa espiral de tinieblas? ¿Te sentiste acaso sola y triste, perdida en el eco de tus propios pasos? ¿Hubo algún llamado, un grito ahogado que tu alma, subyugada dentro de tu cuerpo, intentó lanzar al vacío? No lo sé. Por fuera, todo parecía perfecto, porque la oscuridad era lo suficientemente densa, lo suficientemente hábil, para ocultar la tristeza acumulada en aquella habitación sin salida.
Porque la oscuridad no es el final... es solo el preludio del amanecer.
Navegando Hacia el Horizonte
Ahora navegas donde el mar funde su lamento con el beso del cielo. No puedo decir que comprenda el peso infinito que tus hombros han sostenido, pero, como dicta el ciclo natural del cosmos, tu brillo comienza a renacer, centella a centella. Es un camino que sigues recorriendo en soledad, y mientras tanto, yo te sigo desde la distancia: un espectador silente, un astro fijo en la bóveda nocturna que te imagina y te contempla cada día, pero carece de la gravedad para aliviar tu carga.
¿Tus brazos se han fatigado? ¿Tus piernas han flaqueado bajo el esfuerzo? Me gustaría descender de este lugar de mera observación y tenderte mi mano para compartir el peso. Sin embargo, sé que eso pertenece al reino de otra historia fantasiosa, una de cosmos compasivos y astros que se inclinan para velar por nosotros.
Mi querida estrella, ignoro cuál de los dos se unirá primero al cielo. Pero si he de partir en algún instante, antes de verte alcanzar tu cenit, guarda siempre esta certeza: te admiro por tu fortaleza y tu resiliencia. Quizás el tiempo, en su generosidad, me permita ver cómo tu cabello negro se tiñe de plata, me conceda el honor de narrar un nuevo capítulo de tu epopeya y añadir unos párrafos más a esta historia que he atesorado. La historia de cómo una niña soñadora de un pueblo colombiano aprendió a brillar con luz propia, y hoy, sin detenerse, sigue navegando hacia el horizonte, hasta fundirse con el firmamento: el lugar al que, desde siempre, ha pertenecido.
Su historia continúa, y los mejores capítulos... aún están por escribirse.
✨ Nunca dejes de navegar hacia tu horizonte ✨
Un Corazón que Ilumina
Gracias a ti, muchos niños tuvieron una linda Navidad en el 2025.
Tu generosidad y tu luz transformaron sonrisas, llenaron corazones de esperanza
y demostraron que un solo acto de amor puede cambiar el mundo de alguien.
Esos niños quizás no sepan tu nombre, pero llevarán en su memoria
la magia de esa Navidad que tú hiciste posible.